¿Por qué se produjo el asesinato de Julio César?

¿Por qué se produjo el asesinato de Julio César?

El asesinato de Julio César es uno de los momentos de la historia de Occidente que más ha calado en la cultura en sus diversas facetas. Tanto la pintura, como la literatura y, en las últimas décadas, el cine y la televisión, se han hecho eco del asesinato de Julio César en sus diferentes variantes, más o menos apegadas a la realidad histórica o más o menos teñidas de añadidos ficticios. Incluso aquellas personas que jamás han cogido un libro de historia de Roma, y mucho menos una fuente antigua original, saben a grandes rasgos cómo murió César y son capaces de imaginarse la escena sin demasiado esfuerzo.

Sin embargo, esta popularidad ha resultado ser un arma de doble filo, ya que, aunque en no pocas ocasiones es semilla de curiosidad y puerta para que los interesados se adentren en los vericuetos de la verdadera historia de Roma, en la mayor parte de las ocasiones el asesinato de César es terreno abonado para los bulos históricos, las noticias falsas y la ficción disfrazada de historia.

Cayo Julio César como dictador

En el año 44 a.C., tras haber derrotado a casi todos sus enemigos en la guerra civil y tras haber reorganizado el sistema político romano, Cayo Julio César gozaba de un poder indiscutido en Roma. El Senado le había concedido el título de dictador perpetuo, una posición que le situaba por encima de la ley y le permitía tomar decisiones sin consultar a las asambleas y sin temer el veto de otros magistrados.

En el tiempo que medió desde su regreso a Roma tras vencer a Pompeyo y sus ejércitos hasta su asesinato, César llevó a cabo todo tipo de reformas, algunas de las cuales, como la del calendario, han llegado a nuestros días casi sin modificación. Aunque la paz había regresado a Roma y la mayor parte de la población estaba agradecida de que la estabilidad sustituyera por fin al caos y la guerra, algunas de estas reformas aprobadas por César atacaban de forma directa el funcionamiento esencial de la República romana.

La política de la República romana se basaba en una serie de premisas que habían permanecido inalterables a lo largo de los siglos con sólo contadas excepciones de corta duración. Una de ellas era la separación de poderes en manos de diversos magistrados que además ejercían su labor de forma colegiada, impidiéndose así que ningún político se alzara con un poder capaz de amenazar al propio estado. Por otro lado, estas magistraturas eran entregadas por el pueblo por medio de unas elecciones en las que todos los ciudadanos podían ejercer su voto, aunque no contara lo mismo dependiendo del tipo de asamblea de que se tratara.

César burló estos dos principios al asignarse a sí mismo, con el apoyo de un Senado dominado, el título de dictador perpetuo, un cargo que había sido concebido sólo para momentos de emergencia y con una duración limitada de seis meses. Además, César había comenzado a repartir las magistraturas como si de prebendas se tratara, sin consultar el voto de las asambleas. De esta forma, el dictador socavó los principios mismos de la República, amenazando la esencia del sistema.

¿Por que se produjo el asesinato de César?

En febrero del 44 a.C. un grupo de aristócratas, comandados por Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longinos, decidieron acabar con la dictadura de César de la forma más directa y radical posible: asesinando al dictador. Casio era un militar de larga trayectoria que había sido perdonado por César tras la guerra civil a pesar de haber militado en el bando contrario. Bruto estaba unido con César por lazos de mayor intimidad, ya que Servilia, su madre, había sido la amante del dictador durante mucho tiempo, y de este modo el joven Bruto había crecido con la figura de César como alguien muy cercano. Pese a esto, Casio y Bruto reunieron a un grupo de senadores para llevar a cabo su golpe: Quinto Labeón, Cayo Trebonio, Tilio Címber, Minucio Basilo, Décimo Junio Bruto y los hermanos Casca. Estos son los nombres más destacados, pero las fuentes hablan de que el número de conjurados era muy superior.

Es probable que todos los conjurados tuvieran motivos personales para desear la muerte de César, pero lo que sin duda les movió a formar parte de tan arriesgada empresa fue la amenaza que el dictador suponía para la continuidad del estado republicano en sus formas más conservadoras. La justificación que todos ellos esgrimirían tras llevar a cabo su acción fue que César aspiraba a convertirse en monarca, estableciendo sobre Roma una tiranía que ningún ciudadano habría podido soportar. No hay que olvidar que el origen del estado republicano estaba precisamente en la expulsión de los monarcas a finales del siglo VI a.C., una expulsión que, si hacemos caso a las fuentes, fue seguida de un juramento por el que los aristócratas romanos se comprometían a no volver a consentir que Roma tuviera jamás un rey.

¿Aspiraba realmente César a convertirse en rey de Roma?

Aunque los historiadores han debatido mucho acerca de las intenciones a corto y medio plazo que César podía tener en mente cuando fue asesinado, lo cierto es que es una cuestión que nunca podrá ser resuelta del todo. La cuestión de si César pensaba conformarse con el título de dictador, si pensaba abdicar de él como había hecho Sila décadas atrás o si realmente deseaba dar un paso más y coronarse como monarca al estilo helenístico cae en el terreno de la suposición.

Sí es cierto que se dieron algunos indicios que llevaron a algunos a sospechar de las intenciones de César. Una estatua del dictador en el Foro amaneció una mañana con una diadema sobre la cabeza, y aunque dos tribunos de la plebe ordenaron de inmediato que fuera retirada, parece que César se sintió molesto por la decisión de estos dos políticos. Sin embargo, durante las Lupercalia, Marco Antonio, que participaba en la ceremonia, se acercó al lugar desde donde César presidía el desfile y le ofreció una corona. César la rechazó y ordenó que aquel símbolo fuera ofrendado a Júpiter, único rey legítimo de Roma.

Como vemos, César se complacía en jugar con la ambigüedad, acepando y rechazando honores que le acercaban hacia el poder absoluto en Roma.

Las Idus de marzo

Fueran o no ciertas las sospechas de los conjurados, el 15 de marzo del 44 a.C., Casio, Bruto y el resto del grupo de conspiradores, cayeron sobre César con sus puñales cuando éste entró en la Curia de Pompeyo, un edificio que formaba parte del complejo teatral construido por este general antes de la guerra civil. Es evidente que César no esperaba ser víctima de la violencia, ya que no se hacía acompañar de escolta alguna y se movía entre los senadores con total confianza.

Los puñales de aquellos a los que había perdonado e incluso los de algunos que habían sido sus amigos y colaboradores acabaron con su vida y convirtieron a Cayo Julio César el hombre en un mito inmortal cuyos ecos aún resuenan en la eternidad.

PARA SABER MÁS…

La muerte de César, Barry S. Strauss

César, Adrian Goldsworthy

Julio César. Un dictador democrático, Luciano Canfora

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