¿Cuál era la diosa griega de la magia?

¿Cuál era la diosa griega de la magia?

La diosa griega de la magia es Hécate, una divinidad que dejó una fuerte impronta en todo el Mediterráneo y que trascendió la cultura helénica para dar el salto a otros ámbitos.

Aunque Hécate es considerada la diosa griega de la magia y la hechicería, lo cierto es que esta divinidad presenta unas características complejas que fueron cambiando a lo largo de los siglos y con ligeras variantes geográficas.

Mitología de Hécate, diosa griega de la magia

Sobre la mitología de Hécate nos habla sobre todo Hesíodo en su “Teogonía”, donde afirma que era hija de Asteria, una divinidad ancestral celeste que era hermana de Leto, lo que haría de Hécate prima de Apolo y Artemisa. En Hesíodo la madre de Asteria y Leto era Febe, una divinidad lunar, característica que su nietas Hécate y Artemisa heredaron. De hecho, como veremos la relación entre Hécate y Artemisa fue constante hasta el punto de llegar en ocasiones a fusionarse en una única divinidad.

En época más tardía los poetas elaboraron los mitos de forma que la historia de Hécate se hizo más compleja. Según una versión, Hécate originalmente era una mortal que se burló de Artemisa, haciendo que ésta la llevara al suicidio como venganza. La hermana de Apolo posteriormente le devolvería la vida y haría de ella una diosa menor responsable de vengar a las mujeres heridas por los hombres.

Esta vinculación con Artemisa hizo que Hécate se asociara con la luna, la noche y en general las fuerzas femeninas que operaban más allá del mundo considerado civilizado en el que eran las potencias masculinas las que tenían preeminencia. Hécate es también una diosa virgen, que rechaza la compañía masculina, y de ahí posiblemente que los sacerdotes encargados de su culto fueran eunucos.

Además de con Artemisa, Hécate desarrolló muy pronto una relación estrecha con las divinidades del Inframundo, especialmente con Perséfone. El mito cuenta que cuando ésta fue raptada por Hades, Hécate sintió especial piedad por su madre Deméter y la ayudó en su búsqueda. Tras convertirse la joven en esposa del señor del Inframundo, Hécate permaneció con ella en el reino de las sombras, potenciando aun más su identificación con la noche, los muertos y la magia. 

Orígenes de Hécate y lugares de culto

Es posible que sus orígenes haya que buscarlos en la región de Caria, pasando a Grecia desde Tracia y, seguramente, a través de Tesalia, región del norte de la Hélade donde los antiguos consideraron que la magia y la brujería siempre tuvieron un especial predicamento. Otros autores, sin embargo, apuestan por un origen puramente helénico que podría llevarse  hasta algunas representaciones en cerámica del siglo VIII a.C. e incluso hasta época micénica. Lo que es evidente es que, sea una diosa local muy arcaica o una divinidad importada del extranjero, Hécate nunca se asimiló del todo entre los dioses olímpicos y tuvo un papel secundario e incluso subsidiario en los mitos.

Con el tiempo encontramos ya a Hécate ligada a la magia en todas sus variantes. En los llamados Papiros Griegos de Magia, hallados en Egipto y datados en diferentes épocas, aparecen numerosas menciones a la diosa como garante de la efectividad de los hechizos y como protectora de los magos y brujas. Es aquí donde encontramos ya su forma más elaborada, con su aspecto definitivo de diosa de tres rostros, una iconografía que aparece también en numerosas esculturas y estatuillas de la diosa.

Dado que fue una diosa que vivía en los márgenes de lo que se consideraba el culto cívico, el que era patrocinado y desarrollado en el marco de la polis, hubo pocos templos o santuarios dedicados a Hécate. Tuvo un santuario en Lagina y otro dentro del enorme recinto cultual de Artemisa en Éfeso. En ambos casos sabemos que los templos estaban atendidos por sacerdotes eunucos. Además de en estos templos, es posible que Hécate recibiera culto también en el ámbito doméstico, y no sólo como patrona de la magia sino también como protectora de los partos y divinidad tutelar que protegía a la familia del mal de ojo y otras amenazas sobrenaturales.

Las encrucijadas eran otro espacio muy ligado a esta diosa, ya que en estos encuentros de camino se consideraba que las energías mágicas eran especialmente poderosas y resultaba más sencillo conjurar a las divinidades del Inframundo.

BIBLIOGRAFÍA

Hécate, la diosa sombría, de Mario Agudo Villanueva

Fantasmas, brujas y magos de Grecia y Roma, de Fernando Lillo Redonet

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