¿Por qué se llama así la Casa de Cordero de Madrid?

¿Por qué se llama así la Casa de Cordero en Madrid?

La Casa de Cordero

Paseando por las calles de Madrid, resulta difícil a los ojos de quien no conoce la historia de la ciudad hacerse una idea del aspecto que algunos de sus espacios y edificios presentaban siglos atrás. Algunos que hoy albergan modernos restaurantes de comida rápida fueron antaño exclusivos palacios o comercios que vendían productos sólo al alcance de las élites. La conocida como Casa de Cordero es uno de esos edificios que han perdido casi todo rastro de su antigua grandeza.

Situada en un extremo de la Puerta del Sol, en el punto en el que convergen la calle de Esparteros y la calle Mayor, la planta baja de la Casa de Cordero está hoy ocupada por una moderna hamburguesería, siempre atestada de clientes y turistas, y unos salones recreativos. El resto del edificio alberga oficinas, diversos negocios y casas de particulares. Pocos de sus inquilinos y sus visitantes asiduos saben de hecho que este edificio se llamó una vez la Casa de Cordero, y casi nadie conoce el motivo de esta denominación

La casa de Santiago Alonso Cordero

El origen de la Casa de Cordero está en un madrileño, Santiago Alonso Cordero, que, a comienzos del reinado de Isabel II, decidió, como tantos otros españoles, jugar a la Lotería de Navidad, un sorteo que había sido introducido en España décadas antes por el rey Carlos III. La fortuna sonrió al señor Cordero hasta el punto de que la combinación de números por él elegida salió premiada con una cifra disparatada. Hasta tal punto era alto el premio que las ya de por si maltrechas arcas del estado se mostraron incapaces de pagarla debido al riesgo de declarar todo el país en bancarrota. Hay que recordar que España acababa de salir de la desastrosa época de Fernando VII y estaba aún inmersa en plena Primera Guerra Carlista, por lo que el tesoro público estaba prácticamente exhausto. 

Dado que era imposible satisfacer la totalidad del premio con dinero en efectivo, el gobierno decidió compensar a Cordero con un enorme solar en la Puerta del Sol, anteriormente ocupado por un convento que había sufrido las consecuencias de las desamortizaciones liberales. El convento fue derruido y el solar resultante fue entregado a Santiago Alonso Cordero, que de la noche a la mañana se vio dueño y señor de una inmensa parcela en pleno centro de Madrid. Con la parte del premio que sí cobró en efectivo, Cordero construyó una lujosa casa de apartamentos, un total de siete edificios que ocupaban todo el solar del antiguo convento de San Felipe.

Por supuesto, un golpe de suerte así fue fuente de todo tipo de habladurías en la ciudad. En una época en la que, debido a la desamortización de los bienes de la Iglesia, la riqueza cambió de manos de forma rápida y poco controlada, la corrupción, un mal endémico en la burocracia española, se convirtió en un mal endémico. Hubo quien opinó que el propio Mendizábal, presidente del gobierno y principal artífice de la desamortización, orquestó la historia de la lotería para tapar algún turbio asunto de dinero negro y legalizar de este modo la compra del solar en la Puerta del Sol. Por desgracia, los documentos legales de la época nada nos dicen de este asunto, de modo que la historia de la lotería de Cordero continuará siendo la versión oficial.  

Fuera como fuese, la Casa de Cordero se convirtió en sinónimo del lujo en Madrid. En los más de cien apartamentos se combinaba el lujo tradicional con los más modernos avances en agua corriente y comodidades diversas. Varios patios interiores ofrecían luz y aire fresco a los inquilinos, y las zonas comunes estaban decoradas con mármol y otras piedras nobles. La casa albergaba también una casa de huéspedes llamada “La Vizcaína” que llegó a ganar gran fama no sólo entre los españoles, sino también entre los extranjeros que, movidos por el espíritu romántico, visitaban España en aquellos tiempos. 

¿Qué queda hoy de la lujosa y célebre Casa de Cordero? Muy poco, por desgracia. Con el paso del tiempo, el edificio fue degradándose, sus instalaciones perdiendo su aspecto lujoso, y, en consecuencia, el nivel social de sus inquilinos disminuyó considerablemente. Propietarios posteriores dividieron los edificios y acometieron todo tipo de reformas, dividiendo los grandes apartamentos en pequeñas casas, más rentables, cubriendo los patios y adaptando los espacios a las nuevas necesidades. Las reformas llegaron a tal punto de que hoy el interior de los edificios nada tiene que ver con su aspecto original. Los salones recreativos de la planta baja muestran en su estructura un espectro de lo que fue uno de los patios de entrada, con sus enormes arcos de piedra que sostenían sus altos techos. La hamburguesería por la que pasan cada día miles de clientes está coronada por un extraño escudo de piedra, desgastado y sucio. Un escudo de piedra con las armas de la familia Cordero: una rueca y un huso con su lana. Escudo que es la última memoria viva del que fue el propietario y constructor de aquel lujoso edificio, Santiago Alonso Cordero.    

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