¿Eran Aquiles y Patroclo amantes?

¿Eran Aquiles y Patroclo amantes? 

La relación que unió a los héroes homéricos Aquiles y Patroclo ha sido una fuente de controversia constante a lo largo de los siglos, casi desde el mismo momento en el que la obra de Homero fue puesta por escrito y comenzó a popularizarse entre los griegos. ¿Eran amigos, camaradas, compañeros de armas o eran amantes siguiendo los modelos del amor homosexual griego? ¿Eran Aquiles y Patroclo amantes o simples amigos íntimos?

Aquiles y Patroclo en la Ilíada

La fuente más antigua que nos habla de estos dos personajes literarios es la Ilíada, poema épico atribuido a un poeta llamado Homero que según la tradición fue puesto por escrito en algún momento entre finales de la Época Oscura y comienzos de la Edad Arcaica. Aquiles es el protagonista indiscutible de la Ilíada, ya que es su cólera, despertada al ser agraviado por el rey Agamenón, lo que da sentido al poema. Es hijo de Peleo, rey de Ftía, y de la nereida Tetis, y caudillo de los mirmidones. Aquiles es el guerrero más poderoso y completo de cuantos combaten en las filas de los aqueos, y sólo su nombre ya hace temblar a los guerreros troyanos. Patroclo a su vez es hijo del héroe Meneceo, aunque un crimen cometido en su primera juventud le obligó a vivir exiliado en la corte de Ftía, donde conoció a Aquiles, con el que de inmediato entabló una estrecha amistad

La relación de Aquiles y Patroclo es uno de los elementos centrales de la Ilíada. Cuando el hijo de Peleo decide retirarse del combate, furioso con Agamenón, Patroclo le pide su armadura para poder combatir y repeler el letal ataque con el que Héctor y los troyanos están a punto de tomar el campamento aqueo. Aquiles accede; Patroclo parte a la batalla y, tras una serie de gestas iniciales, acaba enfrentado al príncipe Héctor, que acaba por darle muerte. El cuerpo de Patroclo es rescatado por los caudillos argivos, no sin que antes Héctor le despoje de su armadura, y llevado ante Aquiles. El héroe, al ver el cadáver de su amigo, llora desconsolado durante varios días y jura vengar su muerte. Cuando recupera la compostura, Aquiles celebra unos juegos fúnebres para honrar la memoria de Patroclo. Hecho esto, parte de nuevo a la batalla y, tras varios episodios en los que demuestra su enorme valor y fuerza, se enfrenta a Héctor en combate singular y le da muerte. 

Esto es en resumen lo que Homero cuenta acerca de la relación de Aquiles y Patroclo en sus versos. ¿Puede extraerse de la lectura de la Ilíada que Patroclo y Aquiles fueran amantes? Lo cierto es que Homero no dice nada claro al respecto, y desde luego en ningún momento describe una escena de intimidad erótica entre ambos personajes. Es cierto que la reacción de Aquiles ante la muerte de Patroclo resulta excesivamente dramática y no tiene parangón con la de ningún otro héroe ante la caída en combate de alguno de sus amigos. ¿Lloraba Aquiles por la muerte de su amor perdido o es la suya una reacción natural ante la pérdida de su amigo más querido? Éste es uno de los argumentos que se han utilizado con más frecuencia para concluir que en la mente de Homero, si es que existió alguien con este nombre, la relación de Aquiles y Patroclo sí tenía tintes eróticos. Por supuesto, ni los más osados han querido demostrar que ambos héroes fueran exclusivamente homosexuales, ya que sí se nos dice que ambos compartían su tienda con esclavas. De hecho, Aquiles había tenido una relación anterior con una de las hijas de Licomedes de Esciro, Deidamia, fruto de la cual nacería su hijo Neoptólemo. 

Desde nuestro punto de vista resulta imposible demostrar sólo con los versos de Homero que entre Aquiles y Patroclo existiera una relación homosexual. Sin embargo, su testimonio es lo suficientemente ambiguo como para que tampoco podamos considerar concluyente afirmar lo contrario.

¿De dónde nace la idea de que Patroclo y Aquiles eran amantes?  

Aunque Homero no lo diga de forma abierta, la mayoría de los griegos, al menos desde época arcaica, sí vieron en la relación de Aquiles y Patroclo un componente erótico. Como no podía ser de otro modo, interpretaron su relación en base a su propia visión del amor homosexual, con un erómenos, más joven, parte pasiva de la relación, y un erastés, un hombre maduro que sería la parte activa en todos los sentidos.

Un ejemplo de esto lo tenemos en la tragedia de Esquilo Los Mirmidones, de la que por desgracia sólo han sobrevivido algunos fragmentos, y en la que el dramaturgo presenta a Aquiles llorando tras la muerte de Patroclo y afirmando ya sin rodeos que echaba de menos la belleza de su cuerpo y la ternura de sus besos. Algunas generaciones más tarde, Platón, en el Banquete, también pone en boca de algunos de sus personajes afirmaciones en este sentido. El escritor Esquines, ya en el siglo IV a.C., afirma que Homero no tenía necesidad ninguna de afirmar de forma explícita que entre ambos héroes existía una relación sexual, ya que todos los hombres cultos que escucharan o leyeran los poemas lo sabrían de antemano por la tradición. 

De hecho, la única duda que les cabía a estos autores no era si Aquiles y Patroclo eran amantes, sino cuál de los dos era el erastés y cuál el erómenos. Esta duda se dio no sólo entre los escritores, sino que también los ilustradores de cerámicas mostraron diversas versiones del tema. El erastés solía ser representado con barba y más maduro, mientras el erómenos era un muchacho en plena adolescencia, sin vello facial ni corporal. Conservamos alguna cerámica en la que Aquiles aparece con un rostro más joven que el de Patroclo, lo que se podría interpretar como una identificación con la figura del erómenos. Esto, sin embargo, chocaba con el carácter de los dos héroes, ya que Aquiles era más poderoso en el campo de batalla, por lo que la tradición que se acabó imponiendo hizo de Patroclo el erómenos y de Aquiles el erastés. 

También existieron autores que negaron esta relación amorosa, aunque es cierto que de ellos hemos conservado menos testimonios. Jenofonte, en su Banquete, dice de forma explícita que es un error atribuir componentes eróticos a la amistad de Aquiles y Patroclo. 

Los autores latinos posteriores se movieron entre estas dos tradiciones, aunque en general, ajenos como eran a estos modelos de amor griego, tendieron a silenciar cualquier idea de que Aquiles y Patroclo fueran amantes. 

Conclusión: la relación de Aquiles y Patroclo

Antes de tratar de esbozar una conclusión debemos recordar que Aquiles y Patroclo fueron y son personajes literarios que existieron sólo en la imaginación de un escritor y de ahí pasaron a la de innumerables lectores a lo largo de los siglos. No tiene sentido, por tanto, preguntarse cuál era la relación real entre Aquiles y Patroclo, ya que esta relación nunca existió fuera de la literatura. La pregunta correcta es qué idea de esta relación tenía Homero en primer lugar y sus lectores (u oyentes) después. 

Dicho esto, podemos concluir que aunque no hay elementos en los versos de Homero que permita afirmar de forma categórica que Aquiles y Patroclo fueran amantes, varias generaciones de griegos sí lo entendieron así, por lo que para ellos estos dos personajes sí mantuvieron este tipo de relación. Durante siglos, la cultura helénica desarrolló toda una tradición que giraba en torno a esta idea, aunque existieron también voces contrarias. 

Lo mismo podemos decir de los lectores de otras épocas, hasta llegar a la nuestra. En ausencia de pruebas concluyentes, somos nosotros, los lectores, los que podemos construir en nuestra mente a estos personajes clásicos, llenando los huecos que los versos de Homero dejaron en la trama. 

Por último hay que señalar lo absurdo de la idea de que la relación homosexual de Aquiles y Patroclo sea un invento moderno impuesto por una supuesta corriente de pensamiento favorable a la normalización de las relaciones entre personas del mismo sexo. La relación amorosa de Aquiles y Patroclo fue defendida ya, como hemos visto, por numerosos escritores antiguos, por lo que pretender que esto es una invención de los siglos XX o XXI sólo puede hacerse desde el más absoluto desconocimiento de las fuentes. 

PARA SABER MÁS…

Greek Homosexuality, Kenneth Dover

Secondo Natura, Eva Cantarella 

 

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