Análisis y comentario de La Escuela de Atenas de Rafael

Análisis y comentario de La Escuela de Atenas de Rafael

En este trabajo ofrecemos un análisis y comentario de La Escuela de Atenas de Rafael siguiendo las pautas exigidas en la asignatura de Historia del Arte de Bachillerato. 

La obra a comentar reproduce un gran interior arquitectónico techado y abierto en su parte posterior. En el mismo se distribuyen más de cuarenta personajes en actitudes y posturas diferentes.

Análisis de La Escuela de Atenas

La pintura ha sido realizada sobre un muro preparado a tal efecto, así que la técnica empleada es el fresco.

El artista ha hecho uso de una pincelada corta, con el resultado de que se funden unas con otras y no se aprecian a simple vista. No ha empleado emplastos gruesos, y eso da como resultado una superficie lisa y tersa.

El dibujo tiene una gran importancia en la composición, y aunque las líneas no son especialmente duras los contornos están bien marcados y delimitan el campo de los colores con precisión.

El modelado de las figuras está bien trabajado y ha sido cuidado por el pintor sobre todo con el uso de luces y sombras que ayudan a generar la sensación de profundidad en los cuerpos, los ropajes y los elementos de la arquitectura.

La luz es un elemento de gran importancia, ya que, como hemos dicho, ayuda a la creación de los modelados, al tiempo que sirve de apoyo en la generación de la perspectiva. En esta pintura la luz es uniforme y realista, y aunque parece proceder de lo alto de la escena (la cúpula) y la parte trasera, no parece dirigida ni focal, sino natural y difusa.

Se emplean colores variados, aunque predomina el blanco y marfil de la arquitectura, combinado con los azules del cielo y algunos ropajes. El predominio de estos colores hace que se refuerce la sensación de serenidad y estabilidad que marca la escena. Junto a ellos aparecen tonos más cálidos, situados ante todo en los ropajes de las figuras, algo que ayuda a destacar a algunos personajes y a dirigir hacia ellos la mirada del espectador.

El espacio está configurado en torno a un eje de simetría axial muy marcado tanto por la distribución de las figuras como por las líneas de la arquitectura. Hay un cuidado estudio de la perspectiva con un punto de fuga situado en el centro de la obra, sobra las cabezas de los dos personajes principales. La sensación de profundidad está muy bien lograda gracias a las líneas paralelas que convergen en el punto de fuga y al tamaño decreciente de los elementos de decoración, más grandes según se sitúan más cerca del espectador.

La forma de expresión es figurativa y naturalista, aunque en muchas de las figuras es evidente la tendencia hacia el idealismo. Aunque algunos rostros muestran características propias de la vejez, los cuerpos presentan un cuidado estudio anatómico y son más propios de la belleza de la juventud. Todos ellos tienen unas proporciones cuidadas y estudiadas.

Comentario de La Escuela de Atenas

La obra a comentar es La Escuela de Atenas, del pintor renacentista Rafael Sanzio, y está ubicada en la llamada Stanza della Signatura, una de las habitaciones monumentales del Vaticano.

Rafael es posiblemente el pintor que mejor representa el clasicismo renacentista en su obra. Tras haberse formado en los talleres de Perugino, pasó por diversas ciudades de Italia, familiarizándose con lo que otros artistas habían hecho en un pasado reciente, caso de Piero della Francesca, o estaban haciendo en aquel momento, caso de Leonardo. Su llegada a Roma supuso su florecimiento definitivo, ya que comenzó a recibir encargos de las principales familias nobles de la ciudad y ante todo de la corte papal. En su estilo cabe destacar el gusto por las composiciones simétricas, la serenidad, la luz homogénea y los temas amables sin descuidar una gran profundidad interpretativa. Rafael tuvo la poca fortuna de una temprana muerte acompañada por el hecho de ser contemporáneo de un genio como Miguel Ángel, lo que hizo que su obra no se valorara en su justa medida durante demasiado tiempo.

Esta obra es una representación perfecta del clasicismo del Renacimiento y en concreto del Cinquecento italiano. Prácticamente todas las características de este estilo artístico aparecen reflejadas y llevadas a su máxima expresión en esta pintura: gusto por los temas de la Antigüedad clásica, cuidado uso de la perspectiva, composición ordenada y armónica, sensación de serenidad y equilibrio, figuras de proporciones anatómicas correctas, tendencia al idealismo, uso de una luz homogénea y difuminada…

El tema de la obra es una alegoría de la Filosofía y el racionalismo, algo que se logra mediante la inclusión en la escena de una larga lista de filósofos y científicos de diversas épocas, aunque con predominio absoluto de los de la Antigüedad clásica. En el centro de la composición, atrayendo la mirada del espectador gracias a la composición y la perspectiva, aparecen los que eran considerados en el siglo XVI más grandes filósofos de todos los tiempos: Platón y Aristóteles. Platón lleva en sus manos el “Timeo”, una de sus obras más complejas, y señala hacia arriba, al mundo de las Ideas del que habla en sus escritos. Aristóteles a su vez lleva en sus manos su “Ética” y señala con el dedo hacia abajo, hacia el mundo terrenal y tangible al que tanto tiempo dedicó en sus escritos y reflexiones. De este modo, los dos personajes encarnan las dos maneras de llegar al conocimiento de la Verdad: el idealismo y el empirismo.

Además de Platón y Aristóteles, encontramos a otros pensadores como Diógenes, Heráclito, Sócrates, Pitágoras, Ptolomeo… cada uno de ellos representado con algún elemento que permite al espectador culto reconocerlo. Mención especial merece la aparición de Hipatia de Alejandría, una de las escasas mujeres reconocidas en este grupo dominado por los varones.

Gracias al testimonio de Vasari sabemos que Rafael retrató en esta obra a algunos de sus contemporáneos para poner rostro a los grandes filósofos. Parece ser que la cara de Platón es en realidad la de Leonardo, mientras Miguel Ángel está representado en Heráclito.      

La Escuela de Atenas forma parte de un complejo decorativo encargado por el papa Julio II para una serie de salas del Vaticano. Dado que no es una obra concebida de forma individual, es necesario que hagamos una breve referencia al marco en el que su ubica desde su creación hasta la actualidad. Esta pintura en concreto se encuentra en la llamada Stanza della Signatura, una habitación situada junto a la biblioteca personal del papa que se destinaba a la recepción de diplomáticos y dignatarios de otros reinos y estados y en concreto para la firma de tratados y acuerdos. Cada una de las paredes de la habitación está decorado con un motivo que es alegoría de un camino por el que alcanzar la verdad: la Fe (con la pintura de la Disputa del Santísimo Sacramento), la Belleza (el Parnaso), el Derecho (Entrega de la Ley) y la Filosofía (La Escuela de Atenas), todas ellas obra de Rafael. El conjunto supone una magnífica síntesis de lo que fue el Renacimiento y sus gustos: fusión de Fe y Razón, Modernidad y Antigüedad.

PARA SABER MÁS…

NIETO ALCAIDE, V; CHECA CREMADES, F; El Renacimiento. Formación y crisis del modelo clásico, ed. Istmo, Madrid 1980

PANOFSKY, E; Renacimiento y renacimientos en el arte occidental, ed. Alianza, Madrid 1975.

WITTKOWER, R; Arte y Arquitectura en Italia, 1600-1770, ed. Cátedra, Madrid 1979

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