¿Cuál fue la causa de la depresión de Felipe V de Borbón? Un monarca con trastorno bipolar depresivo que se creía rana
¿Cuál fue la causa de la depresión de Felipe V de Borbón? Un monarca con trastorno bipolar depresivo que se creía rana
Felipe V de Borbón, el primer rey Borbón que ocupó el trono español, no solo cambió para siempre el rumbo de España y la forma de gestionar el reino. También protagonizó uno de los casos más trágicos de enfermedad mental entre la realeza europea. Felipe V vivió algunos de sus días más oscuros sumido en una profunda depresión en la que algunas fuentes dicen que el rey llegó a creer que era una rana. Este monarca padeció episodios brutales de trastorno bipolar depresivo que dejaron huella en su reinado, desde que llegó al trono tras la muerte de Carlos II hasta aquel 9 de julio de 1746 cuando murió. ¿En qué consistió la enfermedad de Felipe V, cómo se manifestaba y qué impacto tuvo en el gobierno de España durante aquella primera mitad del siglo XVIII?
¿Qué causó el trastorno bipolar depresivo de Felipe V durante su reinado?
La influencia de la presión del poder como primer Borbón en España
Felipe de Anjou tuvo que vivir uno de los cambios más brutales que experimentara un noble de su tiempo: de los salones dorados de Versalles a convertirse en Felipe V, rey de España. La presión psicológica debió ser brutal. Como primer Borbón en tierras españolas, cargaba sobre sus hombros nada menos que la responsabilidad de fundar una nueva dinastía tras extinguirse los Habsburgo con Carlos II. El joven monarca, criado entre las rígidas normas de la corte francesa y bajo el ojo vigilante de su abuelo Luis XIV, se vio de repente al mando de un imperio que, aunque en riesgo de crisis, seguía siendo inmenso. Las fuentes de la época cuentan algo revelador: Felipe V ya tuvo un ataque de ansiedad antes incluso de cruzar los Pirineos. Ya entonces asomaban los primeros síntomas de lo que varios historiadores médicos han confirmado como trastorno bipolar. Las circunstancias no ayudaban: ser el elegido en el polémico testamento de Carlos II, enfrentarse a la hostilidad de media Europa que temía una alianza hispano-francesa… Era el caldo de cultivo perfecto para que su mente empezara a resquebrajarse desde sus primeros años como rey.
El impacto de la Guerra de Sucesión en su salud mental
Si algo destrozó definitivamente la salud mental de Felipe V fue la Guerra de Sucesión Española (1701-1713). No era solo una guerra más: en ella media Europa ponía en duda su derecho al trono y lo enfrentaba militarmente a buena parte del continente. Durante aquellos años terribles, el monarca oscilaba como un péndulo entre la más negra depresión y arranques de actividad militar frenética. Curiosamente, en el campo de batalla mostraba un coraje personal que chocaba frontalmente con su fragilidad en palacio. Los archivos nos cuentan que tras la batalla de Villaviciosa en 1710 —batalla clave para mantenerse en el trono— Felipe V empezó a comportarse de forma cada vez más extraña. La presión era insoportable: la guerra que no acababa nunca, nobles españoles traicionándolo para apoyar al archiduque Carlos, la incertidumbre sobre su futuro… Todo esto alimentó sus tendencias depresivas. Los testigos de entonces describen algo escalofriante: el rey podía pasar de la euforia absoluta tras ganar una batalla a hundirse en pozos de melancolía donde se negaba en redondo a ocuparse del reino. Ya entonces empezaba a perfilarse lo que después sería su famoso delirio de creerse una rana, el síntoma más extremo de su desconexión con la realidad cuando la presión lo superaba.
La herencia genética y predisposición a trastornos mentales



El árbol genealógico de Felipe V está salpicado de casos documentados de problemas psicológicos, especialmente por parte de madre. María Ana Victoria de Baviera, su progenitora, sufrió depresiones terribles después de dar a luz —lo que hoy llamaríamos depresión posparto— y es muy probable que esa tendencia pasara a su hijo. Si miramos hacia atrás en la línea Borbón, encontramos comportamientos que hoy encajarían perfectamente en el espectro bipolar. Algunos autores han señalado que la endogamia típica de las casas reales europeas no ayudaba precisamente: reforzaba estas predisposiciones genéticas, preparando el terreno para lo que vendría. Los investigadores actuales que han estudiado el historial clínico de los Borbones han encontrado patrones que se repiten: melancolía recurrente, comportamientos obsesivos… Todo apunta a que había un componente hereditario claro en la enfermedad de Felipe V. Esta bomba de relojería genética, mezclada con el estrés de la Guerra de Sucesión y las presiones políticas, creó las condiciones perfectas para que desarrollara su peculiar versión del trastorno bipolar.
¿Por qué Felipe V creía ser una rana? Análisis de sus delirios más conocidos
Manifestaciones del trastorno bipolar: el caso de la rana



Episodios de negación a cambiarse de ropa y otros comportamientos erráticos
Más allá de creerse rana, Felipe V mostraba otros comportamientos que dejaban atónitos a todos los que le rodeaban. Uno de los más documentados era su terquedad en no cambiarse de ropa durante semanas, a veces meses enteros. No era simple descuido: reflejaba una alteración profunda en su capacidad de cuidarse. Los cronistas cuentan algo casi increíble: el rey podía llevar el mismo traje hasta que literalmente se caía a pedazos, y si alguien intentaba cambiárselo, reaccionaba con violencia. Todo un contraste con la obsesión por el protocolo que había conocido en Versalles. Había más: su sueño era un caos total —podía estar noches enteras despierto para después dormir días seguidos—, tenía ataques súbitos de violencia seguidos de apatía total, y desarrolló rituales obsesivos como contar una y otra vez los objetos de una habitación. Isabel de Farnesio, su segunda esposa, dejó escrito en cartas privadas algo revelador: el monarca podía estar días en silencio absoluto, como si hubiera perdido el habla, para después lanzarse a monólogos interminables sobre religión o estrategia militar. Unos vaivenes son típicos del trastorno bipolar.
La evolución de sus delirios a lo largo del reinado
Lo fascinante es cómo la enfermedad mental de Felipe V fue mutando a lo largo de su largo reinado, adaptándose a las circunstancias políticas y personales del momento. Al principio, durante la Guerra de Sucesión, básicamente se trataba de melancolía y apatía. Pero todo cambió tras la muerte de su primera esposa, María Luisa Gabriela de Saboya, en 1714: ahí los delirios empezaron a volverse realmente complejos. El episodio de la rana, entre 1717 y 1723, marca el pico de sus crisis psicóticas. Después vino algo inesperado: abdicó en su hijo Luis I en 1724, pero el muchacho murió de viruela y Felipe, resignado, tuvo que volver al trono. A partir de entonces, sus delirios tomaron formas diferentes, menos animales pero igual de incapacitantes. En la década de 1730 desarrolló un pánico atroz a la oscuridad y llegó a convencerse de que había muerto, negándose a gobernar porque «los muertos no pueden reinar». Ya en sus últimos años, después de 1740, sus delirios se volvieron más místicos, llegando a identificarse con personajes bíblicos. Esta evolución es un ejemplo de cómo avanza el trastorno bipolar cuando no se trata, agravándose con el estrés del gobierno y las guerras internacionales que definieron sus últimos años hasta su muerte en 1746.
¿Cómo afectó la depresión de Felipe V a su reinado en España?
Periodos de inactividad y abandono de funciones reales



La abdicación en su hijo Luis I en 1724: ¿consecuencia de su enfermedad?
Cuando Felipe V abdica en su hijo Luis I toda España se quedó sorprendida. Una decisión sin precedentes en la historia española que está totalmente ligada a su trastorno bipolar depresivo. El rey tenía solo 41 años y venía de un periodo especialmente duro de su enfermedad. Los historiadores están bastante de acuerdo: abdicó porque una crisis depresiva brutal le hacía sentir que no podía más con el peso de la corona. En cartas privadas a su confesor, Felipe V escribía que «el peso de la corona» lo estaba matando y que sus «males del alma» le impedían cumplir como rey. Pero entonces pasó lo impensable: Luis I murió de viruela solo siete meses después de ser coronado, y Felipe tuvo que volver al trono. Una situación constitucional nunca vista. Este episodio muestra perfectamente la complejidad de su trastorno: en fase depresiva había abdicado, convencido de su incapacidad total, pero tras la muerte de su hijo experimentó un giro hacia una fase más activa de su bipolaridad y aceptó volver con energías renovadas. Un rey en plena forma física pero con problemas mentales severos que abdica…
El papel de Isabel de Farnesio en la gobernanza durante las crisis del rey



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