Carlos II «El Hechizado»: ¿Estéril o impotente? La verdad sobre el último rey de España de la casa de Austria

Carlos II «El Hechizado»: ¿Estéril o impotente? La verdad sobre el último rey de España de la casa de Austria

La historia de Carlos II, el último monarca de los Austrias en España, es un momento clave en el devenir de España y los reinos que formaban parte de la monarquía hispánica. Entre 1665 y 1700, este rey gobernó uno de los imperios más vastos del mundo, mientras su propia salud se desmoronaba lentamente. La tradición ha consagrado el apodo de «El Hechizado» por sus problemas de salud y, ante todo, por su incapacidad para engendrar hijos con sus diversas mujeres. Su incapacidad para dejar descendencia no solo frustró a toda una corte, sino que desató una crisis que transformaría Europa. ¿Cuál era la dolencia que impedía al rey Carlos II engendrar hijos? 

¿Quién fue Carlos II de España y por qué le llamaban «El Hechizado»?

El último monarca de la Casa de Austria en España

Carlos II niño de Juan CarreñoCarlos II vio la luz el 6 de noviembre de 1661, hijo de Felipe IV y Mariana de Austria. Desde el primer llanto, este niño cargaba con la responsabilidad de perpetuar una dinastía que llevaba casi dos siglos gobernando España. Los Habsburgo, desde Carlos I, habían construido un imperio que abarcaba territorios en cuatro continentes. Carlos II heredaría no solo los reinos peninsulares de España, sino también plazas africanas, los Países Bajos, el ducado de Milán, los reinos de Nápoles, Sicilia y Cerdeña, el condado de Borgoña, más todo ese inmenso territorio en América y Filipinas. 

Carlos II nació cuando su padre Felipe IV era ya anciano, y todos sus hermanos mayores varones habían muerto antes de llegar a la edad adulta. Con apenas cuatro añitos, el pequeño Carlos ya era rey. Su reinado, que se extendería hasta noviembre de 1700, ha sido visto tradicionalmente como la consagración de la crisis del Imperio que había comenzado décadas antes. España, que había sido la superpotencia mundial, se desangraba económica y militarmente. Los problemas ya venían de atrás, desde los tiempos de Felipe III y Felipe IV, pero con Carlos II según algunos autores se tocó fondo. Pese a que esta es la visión tradicional de este reinado, en los últimos años se han hecho un gran esfuerzo de revisión para poner en su justo lugar este periodo político y son bastantes los especialistas que hablan de mito historiográfico y la necesidad de volver a estudiar las fuentes para llegar a nuevas conclusiones. 

Origen del apodo «El Hechizado» y las creencias sobre brujería

El mote de «El Hechizado» ha acompañado a Carlos II durante siglos. Su origen es la creencia popular de que las dolencias físicas y psicológicas eran culpa de los demonios, las brujas o los malos espíritus. El rey tenía una saluda tan débil que en la corte empezaron a circular rumores acerca de que alguien le ha echado mal de ojo al monarca. La cosa llegó a tal extremo que en la década de 1690, cuando ya estaban desesperados porque no llegaba el heredero, decidieron probar con exorcismos. Fray Froilán Díaz, el confesor real, se puso manos a la obra con sus rituales para «liberar» al monarca de las supuestas fuerzas del mal.

La influencia de Mariana de Austria en el reinado de Carlos II

Si hay alguien que marcó la vida de Carlos II, esa fue su madre, Mariana de Austria. Esta mujer, hermana del emperador Leopoldo I, no solo era la madre del rey, sino que fue su sombra durante toda su vida. Cuando Carlos tenía apenas cuatro años y heredó el trono, Mariana tomó las riendas como regente y gobernó España desde 1665 hasta 1675, moldeando a su hijo a su imagen y semejanza.

Incluso cuando Carlos alcanzó la mayoría de edad, la reina madre seguía ahí, controlándolo todo. Algunos dicen que lo sobreprotegió tanto que el pobre nunca aprendió a valerse por sí mismo. Mariana jugaba sus cartas en el tablero europeo, favoreciendo siempre a su familia austriaca frente a las ambiciones de Luis XIV, el Rey Sol francés. Hubo momentos en que otros validos como Fernando de Valenzuela o Juan José de Austria lograron apartarla un poco, pero la reina madre siempre volvía. En lo que se refería a buscarle esposa a su hijo (primero María Luisa de Orleans, luego Mariana de Neoburgo), ahí estaba ella, moviendo los hilos, esperando contra toda esperanza que apareciera ese heredero que nunca llegó.

María Luisa de Orleans, esposa de Carlos II

¿Qué problemas de salud afectaron a Carlos II durante su reinado?

Consecuencias de la consanguinidad en la Casa de Habsburgo

Los Habsburgo mantuvieron una tendencia matrimonial basada en casarse entre ellos mismos para no perder ni un pedacito de poder, generalmente con bodas entre la rama española de la familia y la austríaca. Según los genetistas, Carlos II tenía un coeficiente de consanguinidad tan alto que era como si sus padres hubieran sido hermanos. Felipe IV no solo era el padre de Carlos, sino también tío y primo de su propia esposa, Mariana de Austria. 

Los números son muy reveladores: Carlos II tenía solo ocho bisabuelos diferentes cuando debería haber tenido dieciséis. Dos de sus tatarabuelos aparecían seis veces en su árbol genealógico. Felipe II se casó con su sobrina Ana, Felipe III con su prima Margarita, Felipe IV con Mariana que era su sobrina… Cada generación acumulaba más y más genes problemáticos, como una bola de nieve rodando cuesta abajo. Y cuando llegamos a Carlos II, la explosión genética fue inevitable.

Enfermedades documentadas y su impacto en su capacidad reproductiva

Los embajadores y médicos de la época nos dejaron un catálogo detallado sobre la salud de Carlos II: fiebres que iban y venían, problemas digestivos que lo tenían en vilo, músculos tan débiles que apenas podía mantenerse en pie, y ataques que hoy diagnosticaríamos como epilepsia. Tenía raquitismo (de ahí sus huesos deformes) y no podía respirar bien.

Pero lo que realmente preocupaba a todos era su desarrollo sexual, o más bien, la falta del mismo. Los médicos de entonces hablaban de «debilidad seminal», su forma educada de decir que el rey no podía cumplir con el trabajo más importante de un monarca: concebir bebés reales. Los embajadores venecianos enviaban informes detallados sobre la vida íntima del rey (o la ausencia de ella). Era un secreto a voces que se convirtió en cuestión de estado. Luis XIV de Francia se frotaba las manos esperando meter a un Borbón en el trono español. La salud del dormitorio real se había convertido en el mayor problema geopolítico de Europa.

Carlos II  a caballo

La hidrocefalia y otras condiciones físicas del monarca

Si los retratos oficiales ya lo pintaban con rasgos físicos peculiares, es probable que la realidad fuera incluso más impactante. Los historiadores médicos creen que Carlos II sufría hidrocefalia, básicamente líquido acumulado en el cerebro que le daba esa cabeza desproporcionadamente grande sobre un cuerpo enclenque. Tenía esa mandíbula Habsburgo llevada al extremo, el labio inferior colgando, y una cara alargada que debía impresionar a quien lo viera.

Hay más: piel pálida como el papel, músculos tan débiles que no pudo caminar hasta los cinco años, y una estatura por debajo de la media de la época. El niño no habló hasta los cuatro años ni caminó hasta pasados los cinco. Los cortesanos más crueles lo describían como un «espectro real», y no les faltaba razón. En sus últimos años, la cosa empeoró tanto que necesitaba ayuda hasta para las cosas más básicas. 

¿Era Carlos II realmente impotente o sufría de esterilidad?

Evidencias históricas sobre sus relaciones matrimoniales

¿Podía Carlos II tener relaciones sexuales completas? Los documentos de la época nos dan pistas interesantes. Se casó dos veces: primero con María Luisa de Orleans en 1679, y cuando esta murió en 1689, con Mariana de Neoburgo. Los embajadores, que no tenían nada mejor que hacer que espiar la vida íntima del rey por las implicaciones que esto tenía en la política internacional, nos cuentan cosas interesantes. Al parecer, el matrimonio con María Luisa sí se consumó, aunque con sus dificultades. El nuncio papal escribió que «Su Majestad cumple con sus deberes maritales con normalidad, aunque sin gran vigor». Este interés va mucho más allá del hecho de que el rey engendrara o no herederos, ya que los matrimonios solo se consideraban realizados por completo cuando se habían consumado en relaciones sexuales completas. En caso de no darse esto, el matrimonio podía declararse inválido, algo que en el caso de un monarca podía tener consecuencias muy grandes. 

Las damas de compañía de ambas reinas también soltaban prenda de vez en cuando. Hablaban de «visitas nocturnas» del rey, aunque cada vez más espaciadas, especialmente al final. En 1694, durante su matrimonio con Mariana de Neoburgo, hubo un embarazo psicológico que puso a toda la corte en alerta. Si la reina creía estar embarazada, es que algo había pasado entre las sábanas reales. Todo apunta, por tanto, a que Carlos II no era completamente impotente, al menos no siempre. El problema parecía estar en otro lado: simplemente no podía engendrar.

Carlos II de Juan Carrreño

Análisis médicos modernos sobre su posible infertilidad

La ciencia moderna ha echado un vistazo al caso de Carlos II y las conclusiones son fascinantes. Los genetistas creen que podría haber tenido síndrome de Klinefelter, básicamente un cromosoma X de más que causa justamente lo que describían los contemporáneos: extremidades largas y desgarbadas, desarrollo sexual incompleto, testículos pequeños y, sobre todo, esterilidad. También barajan el síndrome X frágil, que explicaría sus problemas cognitivos.

Pero el dato que más ha aportado viene de la Universidad de Santiago de Compostela. Calcularon que el coeficiente de consanguinidad de Carlos II era de 0,254. Como ya hemos señalado, es casi como si tus padres fueran hermanos. Con esos números, era prácticamente imposible que no tuviera múltiples trastornos genéticos. Su sistema reproductor probablemente producía pocos espermatozoides (oligospermia) o directamente ninguno (azoospermia). Podía tener relaciones sexuales, sí, pero sin carga de espermatozoides en su semen. 

El caso del «solo testículo del tamaño de un grano de pimienta»

Y aquí llegamos a uno de los detalles más morbosos y tristes de toda esta historia. Según informes médicos de la época, Carlos II tenía «solo un testículo negro, del tamaño de un grano de pimienta». Suena a exageración por parte de la fuente, pero los médicos modernos dicen que encaja perfectamente con condiciones como la criptorquidia (cuando los testículos no bajan) o la atrofia testicular. El color negro podría indicar que el tejido estaba muerto o con problemas graves de circulación. 

La muerte de Carlos II y la Guerra de Sucesión

Todo apunta por tanto a la esterilidad de Carlos II y no a su impotencia. Fuera como fuese, a la muerte del rey se abrió su testamento y se constató que este había nombrado como heredero a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, de la dinastía de los Borbones. Esto despertó las alarmas en Austria y en Inglaterra, que veían en la posibilidad de un Borbón en el trono de Madrid un riesgo enorme de que Francia se convirtiera en la potencia hegemónica y se rompieran todos los equilibrios internacionales. La Guerra de Sucesión española estaba servida. 

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