¿Quién fue el alcalde de Madrid durante la Segunda República?

¿Quién fue el alcalde de Madrid durante la Segunda República?

Madrid proclama la República

El 14 de abril de 1931 se celebraron unas elecciones municipales que estaban llamadas a cambiar la historia de España. La mayoría obtenida en las grandes ciudades por parte de los partidos republicanos que apostaban por derribar la monarquía fue interpretada por muchos como una legitimación de un alzamiento republicano, por lo que, dirigidos por diversos políticos e intelectuales, el pueblo se echó a las calles proclamando el nuevo régimen. Ante esta situación y queriendo evitar a toda costa un enfrentamiento civil que podría haber costado innumerables víctimas, el rey Alfonso XIII partió al exilio. Aprovechando el vació de poder, se proclamó la II República.

Madrid fue una de las ciudades donde la llegada del nuevo régimen fue saludada con mayor entusiasmo y alegría. Tanto individuos de izquierdas como de derechas estaban de acuerdo en que la salida del rey podía suponer una gran oportunidad para regenerar la política y hacer los cambios que necesitaba España. Las calles se llenaron de hombres y mujeres que enarbolaban la nueva bandera, con una franja morada añadida a la tradicional rojigualda.

Pedro Rico, alcalde de Madrid en la Segunda República

Dado que las elecciones municipales en Madrid habían dado la mayoría a las candidaturas republicanas, los políticos madrileños tuvieron muy claro que la ciudad pedía a gritos un alcalde de probada tradición e ideología republicana. El elegido fue Pedro Rico, hombre de enorme carisma que ocupó el cargo de edil en Madrid durante gran parte del periodo republicano. 

Pedro Rico era licenciado en derecho, y ya en sus tiempos como universitario se había destacado por fundar diversos grupos republicanos. Finalmente, se afilió a Acción Republicana, el plural grupo político creado por Manuel Azaña en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera. Pedro Rico fue medrando en el partido hasta el punto de que fue presentado como candidato a la alcaldía de Madrid por la coalición de republicanos y socialistas. Éstos obtuvieron treinta escaños frente a los veinte de los conservadores, por lo que Pedro Rico fue nombrado alcalde de la ciudad por mayoría simple. Su cercanía a las clases populares y al movimiento obrero hicieron que tanto republicanos como socialistas vieran en él un político perfecto para encarnar la pluralidad de Madrid en tiempos de cambio.

Rico se convirtió de inmediato en una conocida figura, muy reconocible en la multitud debido a su amplio sobrepeso. La gordura del alcalde fue motivo de muchas bromas y chanzas, que él encajaba con humor. Ejemplo de ello fue que el cuerpo de aviadores pusiera su nombre a un nuevo avión llegado de Canadá, que tenía como característica principal una abultada panza. 

El nuevo alcalde se entregó con pasión a la política reformista que exigían los nuevos tiempos. Sus medidas buscaron siempre mejorar la situación de las clases populares de Madrid y hacer la ciudad un espacio público que pudiera ser disfrutado por todos los madrileños. Fue bajo su mandato cuando la Casa de Campo, que antes era patrimonio exclusivo y coto de caza de la familia real, se abrió al uso y disfrute de todos los habitantes de Madrid, después de que Indalecio Prieto, como ministro de Hacienda, decretara su confiscación y la entregara al ayuntamiento de la ciudad. 

Pedro Rico colaboró con el gobierno de la República en la creación de uno de los proyectos urbanísticos más ambiciosos y que más trasformaron la fisionomía de Madrid: la ampliación de la Castellana y la creación de los Nuevos Ministerios. Tanto Rico como Azaña creían que la capital de España debía contar con unos edificios de gobierno acordes con su categoría, por lo que se diseñó todo un plan de construcción en una zona que por aquel entonces estaba ocupada aún por huertas, campo y casas bajas. Pedro Rico fue también el responsable de la inauguración de la plaza de toros de las Ventas con una corrida cuyos beneficios fueron destinados a mejorar las condiciones de los obreros parados de la ciudad de Madrid.

Pese a su popularidad, el estallido de la guerra civil demostró que Pedro Rico era un buen alcalde para tiempos de paz, pero un pésimo gestor para tiempos de conflicto. Aunque en los primeros meses participó en mítines animando a los madrileños a la resistencia y asegurando que él estaría a su lado hasta el final, Rico trató de escapar a Valencia junto con el resto de miembros del gobierno de Largo Caballero. Un grupo de milicianos anarquistas detuvo al alcalde y le obligó a regresar a la ciudad para cumplir con sus obligaciones. Pedro Rico no se resignó a su suerte, y en lugar de ponerse al frente de una ciudad cada vez más famélica y debilitada por los bombardeos y el sitio, se refugió en la embajada de México. Desde allí, protagonizó una vergonzosa huída, oculto en el maletero de un coche, y logró llegar a Valencia, desde donde embarcó a América. 

Pedro Rico, alcalde republicano de Madrid que abandonó la ciudad a su suerte, murió en el exilio, sin poder regresar nunca a España.

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