¿Qué fue la Cruzada de los Niños? La tragedia de los niños inocentes que intentaron conquistar Jerusalén en 1212

¿Qué fue la Cruzada de los Niños? La tragedia de los niños inocentes que intentaron conquistar Jerusalén en 1212

La Cruzada de los Niños es uno de esos episodios históricos que todavía tiene la capacidad de encoger el corazón a la gente y que sin embargo sigue siendo puesta en tela de juicio por los historiadores. Corría el año 1212 cuando miles de niños, movidos por la fe, la desesperación o simplemente obligados, decidieron que ellos recuperarían Jerusalén para la cristiandad. Sin embargo, lo que según las fuentes comenzó como un sueño hermoso terminó convirtiéndose en una pesadilla que aún hoy, ocho siglos después, sigue despertando la curiosidad del público y el escepticismo de los especialistas.

¿Qué fue exactamente la Cruzada de los Niños y cuándo ocurrió?

Definición y contexto histórico de las cruzadas

Para entender esta historia, primero hay que situarse en aquella época: los comienzos del siglo XIII. Estamos en pleno apogeo de las cruzadas, que eran básicamente expediciones militares que el Papa organizaba para recuperar Jerusalén y otros lugares sagrados que habían quedado bajo control musulmán. Desde finales del siglo XI hasta bien entrado el XIII, Europa vivió obsesionada con esta idea. Por supuesto, no era solo religión lo que se dirimía aquí. También había política y dinero de por medio. 

En 1212, el ambiente era complejo en Europa. La Cuarta Cruzada había terminado ocho años antes, y en lugar de llegar a Jerusalén, los cruzados habían saqueado Constantinopla, la capital del Imperio Bizantino, una ciudad cristiana, para pasmo de todos aquellos que seguían creyendo en la santidad de este proyecto que movía a reyes y nobles de todos los reinos. Tras el saqueo de Constantinopla, la gente estaba decepcionada, frustrada y desengañada. Y entonces surgió esta idea loca, hermosa y terrible a la vez: si los adultos habían fallado por ser pecadores y corruptos, tal vez los niños, con su pureza e inocencia, podrían triunfar donde otros habían fracasado.

El origen de la Cruzada de los Niños en 1212

En el verano de 1212, en Francia, un pastorcillo llamado Esteban de Cloyes dijo que Jesucristo en persona le había dado una carta en la que le decía que solo los niños con su inocencia podrían liberar Jerusalén de los infieles. Y su historia convenció a miles de personas de los alrededores.

¿Quiénes se unieron? Parece ser que ante todo fueron los campesinos pobres del norte de Francia, los desesperados, niños vagabundos que no tenían nada que perder. Para ellos, esto no era solo una aventura religiosa; era una salida, una esperanza de algo mejor.

Mientras tanto, en Alemania, otro chaval llamado Nicolás reunía a su propio grupo con una promesa aún más increíble: el mar Mediterráneo se abriría ante ellos como en los tiempos de Moisés.

Los cronistas de entonces hablan de que llegaron a reunirse más de 30.000 niños. Incluso aunque estas cifras sean una exageración propia de las fuentes de la época, es seguro que miles de niños y adolescentes abandonaron todo, dejando atrás a sus familias, convencidos de que conquistarían Jerusalén con nada más que su fe. 

Diferencias entre la Cruzada de los Niños y otras cruzadas

Esta cruzada fue completamente distinta a todas las demás, y no solo por la edad de sus participantes. Para empezar, el Papa Inocencio III nunca dio su bendición. Es más, cuando se enteró, les ordenó volver a casa. Mientras las cruzadas «normales» tenían ejércitos organizados, nobles con dinero y generales experimentados, estos chicos no tenían absolutamente nada. Ni mapas, ni provisiones, ni un plan real.

Aunque la llamamos «de los Niños», muchos no eran tan pequeños. Había adolescentes, jóvenes adultos… en su mayoría pastores sin futuro, campesinos hambrientos, gente que la sociedad había dejado de lado. Lo que los unía no era la edad, sino la desesperación y esa fe ciega en que su pureza bastaría para lograr el milagro.

Mientras otros cruzados llevaban espadas y armaduras, estos chicos pretendían conquistar Jerusalén con oraciones. Era más un movimiento de masas espontáneo que una campaña militar. 

¿Quiénes lideraron la Cruzada de los Niños y cómo se originó en Francia y Alemania?

Esteban, el niño francés de Cloyes que afirmaba tener visiones divinas

cruzada ninos miniatura medievalEsteban de Cloyes tenía unos 12 años cuando su vida cambió para siempre. Este pastorcito de Cloyes-sur-le-Loir contaba que, en la primavera de aquel año, se le apareció Cristo disfrazado de peregrino y qué le dio una carta para el rey Felipe II de Francia. El mensaje era claro: había que organizar una nueva cruzada protagonizada por niños de todos los reinos cristianos. Sin duda, el muchacho tenía un don para hablar, eso está claro. Sus sermones mezclaban todo: el fin del mundo, la gloria eterna, la vergüenza de los adultos que habían fallado… Y la gente lo escuchaba embobada. Cuando el rey Felipe II lo recibió, los sabios de la Universidad de París le aconsejaron que mandara al chico a casa. Pero Esteban vio esto como una señal: si el rey no lideraba la cruzada, lo haría él.

Y así empezó a recorrer el sur de Francia, predicando su mensaje apocalíptico. «Los adultos han pecado», decía. «Solo nosotros, los inocentes, podemos recuperar los lugares santos». Miles le creyeron.

La cruzada alemana y su joven líder Nicolás

Mientras Esteban predicaba en Francia, al otro lado del Rin surgía otro profeta adolescente: Nicolás. Sabemos menos de él —ni siquiera estamos seguros de su apellido—, pero su carisma debía ser extraordinario. Su mensaje era aún más fantástico que el de Esteban: cuando llegaran al mar, las aguas se separarían y caminarían hasta Jerusalén por tierra seca.

También convenció a miles. Algunos dicen 7.000, otros hablan de 20.000. Venían sobre todo de Colonia y el valle del Rin. Estos chicos alemanes, además, tenían que cruzar los Alpes para llegar al Mediterráneo. Niños y adolescentes, mal alimentados, sin equipo adecuado, atravesando montañas heladas. Muchos murieron antes siquiera de ver el mar que supuestamente se abriría ante ellos.

El papel del Papa Inocencio III en estos acontecimientos

Inocencio III era un Papa poderoso, una personalidad enérgica con gran influencia en los reinos europeos. Al principio, cuando le llegaron las noticias, parece que se emocionó. Dicen que exclamó: «¡Estos niños nos avergüenzan! Ellos corren a recuperar Tierra Santa mientras nosotros dormimos». Bonitas palabras, pero la realidad era otra.

Pronto se dio cuenta del peligro. Nunca bendijo oficialmente esta locura. Al contrario, cuando comprendió lo que estaba pasando, ordenó a obispos y autoridades que pararan aquello, que mandaran a los niños a casa. Pero era tarde. Miles ya estaban en marcha.

cruzada ninos gustave dore¿Cuál era el objetivo de los niños al emprender la travesía hacia Tierra Santa?

La misión de conquistar Jerusalén después del fracaso de la Cuarta Cruzada

Por supuesto, todo giraba en torno a recuperar Jerusalén. La ciudad santa había vuelto a manos musulmanas en 1187, cuando Saladino la reconquistó. Y desde entonces, recuperarla se había convertido en una obsesión para la cristiandad europea. Pero la Cuarta Cruzada había sido un desastre absoluto: en vez de ir a Tierra Santa, los cruzados habían saqueado Constantinopla, una ciudad cristiana. 

Fue entonces cuando surgió esta idea revolucionaria: si los adultos habían fallado por codiciosos y corruptos, tal vez los niños, con su pureza, lo lograrían. Era una lógica aplastante en su simplicidad. «Dejad que los niños vengan a mí», había dicho Cristo. Pues bien, estos niños se lo tomaron al pie de la letra.

Para ellos, no se trataba solo de una conquista militar. Era una misión espiritual, una forma de limpiar el pecado que había manchado las cruzadas anteriores. Creían sinceramente que su inocencia abriría las puertas de Jerusalén, que las murallas caerían con sus oraciones. 

Las creencias religiosas que motivaron a los jóvenes cruzados

En 1212, Dios estaba en todas partes: en el pan que comías, en las tormentas que arruinaban las cosechas, en las enfermedades que mataban a tus hermanos. Y estos chicos estaban convencidos de que vivían tiempos especiales, que el fin del mundo estaba cerca. Los predicadores populares —esos que iban de pueblo en pueblo asustando y emocionando a partes iguales— habían sembrado la idea de que recuperar Jerusalén era necesario para que Cristo volviera. «Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos», repetían una y otra vez. Y estos jóvenes se lo creyeron todo.

Circulaban historias de milagros por todas partes. Que si el mar se abriría, que si las murallas caerían con solo tocarlas… Era una época en la que lo sobrenatural y lo cotidiano se mezclaban sin problemas. Para estos chicos, los milagros bíblicos no eran historias del pasado, sino promesas para el presente.

Una cruzada que acabó en tragedia: de Niza a Alejandría

Todos estos grupos de jóvenes peregrinos, acompañados por adultos, llegaron a las ciudades francesas de Niza y Marsella y se pusieron a rezar para que, tal y como se les había prometido, las aguas se abrieran y pudieran continuar su camino hasta Jerusalén caminando. Al ver que nada ocurría, buscaron otra forma de llegar más racional: dos mercaderes locales pusieron a su disposición siete barcos y partieron rumbo al este. Al pasar por Cerdeña, dos de sus barcos se hundieron, pero el resto continuaron hasta el puerto de Alejandría, en Egipto. Cuando llegaron aquí, dispuestos a continuar su camino hacia Jerusalén, fueron todos ellos capturados y los niños fueron vendidos como esclavos. Así terminó según las fuentes la llamada Cruzada de los Niños.

Una explicación moderna para un mito historiográfico

Los historiadores modernos han hecho un interesante trabajo de crítica de las fuentes medievales y en su mayoría han llegado a la conclusión de que por muy épico que sea este relato no resulta creíble desde un punto de vista historiográfico. En primer lugar es probable que el grupo francés movilizado por el pastor Esteban jamás llegara a embarcar y que permaneciera en Francia antes de disolverse. En segundo lugar, todo apunta a que la edad de los participantes de esta peregrinación no fue la que el mito ha consagrado, sino que en lugar de niños esta cruzada pudo estar formada por adultos ya crecidos. El origen de la confusión se encuentra en el que hecho de que algunos de los grupos de mendicantes que recorrían Europa en este siglo XIII se hacían llamar a sí mismos pueri (niños en latín) para resaltar su pureza, sin que esto quisiera decir que fueran niños literalmente. En caso de que este movimiento de masas a principios del siglo XIII fuera real es probable que no estuviera protagonizado por un grupo de niños sino por adultos que se unían a estas peregrinaciones de forma espontanea movidos por el fervor y en no pocas ocasiones por la pobreza y la desesperación. 

La idea de una historia de miles de niños para conquistar Jerusalén que acabó en tragedia era lo bastante poderosa como para que las generaciones posteriores y sus cronistas la adornaran y fueran transformando la historia real en un mito. De hecho, parte de esta ida quedó en el folclore europeo y fue recogido por los hermanos Grimm en el cuento del flautista de Hamelín.  

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